Hoy no arreglé mis uñas y sujeté todo mi cabello, ni un solo mechón cubría mi rostro. Me senté a comer entre las tres cuarenta y cuatro quince. Caminé lento. En las tiendas se me acercaron más de tres niños en diferentes ocasiones y no me dieron miedo. Compré un anillo dorado. Contesté a tiempo todas las llamadas al celular.
Y pues hoy fui Lorena.