lunes, marzo 14


Tenía oficialmente vetada de la temporada cualquier emisión/recepción de esas sensaciones,
cualquier pensamiento que no tocara el suelo, (por supuesto) eran días de enero.
Uno, dos y tres días fríos para darme cuenta de que con él eran más mis latidos,
que no sólo mis manos se sentían mejor al tomar las suyas con aquél clima, crees que eso de mariposas en el estomago es un supuesto absurdo hasta que alguien llega y las hace volar.

Pasé noches sin dormir repitiéndome una y otra vez que todo quedaba en los límites de mi mente, 
las muestras de amor en invierno desde hace tiempo atrás estaban etiquetadas como una necesidad de la gente, mais petit à petit, él se encargó de hacer más amena la realidad de lo que podía haber imaginado.

Tuvimos un curso demasiado natural, pero, aunque no lo crea él ha sido excepción en mis reglas.

Tal vez cuando pase el tiempo todo sea un recuerdo, hoy lo único que me importa es escucharle hablar de las cosas que le apasionan, ver como tal emoción ilumina de una manera especial su rostro y esa sonrisa que constantemente me hace sentir tan especial, como si fuese un hecho único en la Tierra; colorear la ciudad con nuestros pasos y mirar el cielo, es una linda forma de existir.

Que todo quede en memorias me tiene con la mínima preocupación, me basta con sentirlo tan cerca de mí como hasta ahora, con quererlo e irle tomando más cariño día con día (algo completamente normal, es algo que él muy bien sabe generar).

Me acostumbro a vivir con su amor cada mañana, descansamos los domingos.


Descubrí a alguien y
me he enamorado de él.