hoy después de verte por segunda vez con mi cara estupefacta, seguirte con otros ojos, tomar otros labios para sentirte y de reiterar que el daltonismo no existe en mí, alguien me dió un diagnóstico: "una prudente cuarentena", no para mí sino para otro enfermo más que tiende a automedicarse y que, para variar, empezó dicho tratamiento sin que pudiera tan siquiera advertirle de los efectos secundarios que sus inconscientes e inmaduras acciones tienen en mi muy consciente y experienciado sistema.
