He dado vueltas en la cama intentando abandonar la vigilia inútilmente. Hace unos minutos salí a rastras de entre las cobijas buscando pluma y papel. Escribirte es el último recurso que me queda en esta fiera lucha por controlar mi torbellino mental. Ignoro a que me dedicaré mañana, ni si tú seguirás siendo lo que aparentas, ni si tendremos el ánimo para continuar viviendo aquí, ni si alguna vez recuperaré la confianza en la gente como para volver a dar un consejo de amor. Lo único que se es que mañana, cuando amanezca, no podré volver a ser la misma… Ésta es la primera noche que pienso en lo que fuimos y en cómo seremos de ahora en adelante. Es el punto final de una historia escrita entre angustia, incertidumbre y llanto.
Sé que tu fuiste el protagonista principal del drama, pero, ¿te gustaría saber cómo se vió el espectáculo desde mi butaca?
